No son pocos los estudios que nos demuestran que a la hora de adquirir un producto la decisión se ve influenciada directamente por nuestras emociones y sensaciones hacia él, incluso aunque nosotros estemos convencidos de que se trata de un comportamiento mucho más racional.
En el momento de la experiencia de compra podemos decir "sí", pero realmente decidir un "no", o podemos pensar "no", para acabar diciendo "si". Conocemos incluso de memoria las ventajas funcionales de un determinado producto y/o servicio pero nuestro "boicot emocional" nos empuja preferir otro diferente. ¿por qué?
El motivo de esta incoherencia entre lo que pensamos y lo que sentimos es el siguiente: “El hombre no es un ser racional con emociones, es un ser emocional capaz de razonar.” Y es aquí donde nos damos cuenta de como nuestros pensamientos racionales están sujetos a nuestras propias percepciones emocionales y como pueden ir en un sentido u otro en función de las mismas. Este hecho, nos hace plantearnos, si verdaderamente las acciones y estrategia de marketing y publicidad que estamos tomando son acertadas o están incompletas.
Es en este punto, donde cobra vital importancia la marca. La marca como activo, es una figura representativa de la empresa/producto/servicio y debe estar siempre dotada de una personalidad y unos valores que se deben sugerir en cualquier comunicación y contacto con las personas. Nuestra misión es que esos valores y rasgos sean percibidos. Por eso es tan importante analizar y gestionar correctamente estos parámetros, ya que por si solos constituyen el modo de poder dotar a la marca de características humanas, es decir, humanizarla.
¿Por qué humanizar una marca? Porque las personas nos identificamos y sentimos empatía hacia esos rasgos de personalidad humanos que atribuimos a una marca y le confieren la capacidad de crear una emoción en nosotros. Que mejor modo de crear un vínculo cliente-marca que unir a ambos por una emoción, necesitamos que ambos se reconozcan, se sientan y relacionen casi como personas.
Somos las personas las que tenemos emociones y son las emociones las que mueven el mundo y lo impulsan.
El poder sentir una marca como tuya, tener una relación personal con ella. Es eso lo que nos acerca a los clientes y nos ayuda a crear esa afinidad, en la que incluso la propia persona llega a hacer suyos los valores que transmite la marca. Sentirla, comprenderla, llegar a justificarla y el algunos casos cambiar y crear un estilo de vida. Casos como los de Harley Davidson, Apple, RedBull, etc, donde se producen experiencias repletas de emoción y sensaciones que podríamos calificar como "religiosas", o momentos cumbre. Solo hace falta pensar en estas marcas y dejarnos llevar por la visión que surge en nuestras mentes.
Es este uno de los cometidos del branding, el construir estas experiencias de marca únicas y llenas de sensaciones, lo que como vendedores nos permite tres cosas: Estar más presentes en la mente de nuestro público objetivo, activar los procesos de compra (que suelen ser muy impulsivos) y algo muy importante, fidelizar a nuestro cliente. Porque él no compra solo nuestro producto, compra
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